MORÓN ANTE EL OCASO*
PARA NADIE, mucho menos para quien persigue el poder,
es fácil observar el declive, menos aún cuando este
se presenta al filo de la cumbre.

Gabriel Envila Fischer
A punto de escribir el último capítulo de su carrera política, Raúl Morón Orozco se encuentra ante una disyuntiva que podría definir la síntesis popular de su historia en la política mexicana. De Morón se pueden decir muchas cosas, como que su dominio de la plaza le ha permitido armar escándalos poselectorales cuando el resultado no le es favorable, que su desconfianza le ha dificultado armar equipos políticos más allá de las amistades o que no sabe perder, y que cuando pierde, busca a toda costa vender caras sus derrotas, pero, lo que al menos hasta hoy no puede decirse del profesor, es que alguna vez haya traicionado su origen político de izquierda y menos beneficiando electoralmente a un partido de derecha. Pero hoy está en un callejón sin salida, obligado a renunciar a su sueño de gobernar Michoacán pese a todos los acuerdos, alianzas antes impensables y operación política de los últimos años.
Los orígenes en la CNTE
Ante este escenario, es pertinente recordar parte de la trayectoria de Morón Orozco, quien accedió a las grandes ligas cuando siendo la cara más visible de la disidencia magisterial, fue el encargado de negociar directamente con Elba Esther Gordillo, las prebendas que por décadas financiaron a la CNTE. Esa etapa inicial de Raúl Morón dejó entrever su capacidad política y el pragmatismo con el que su radicalismo puede ablandarse cuando negocia intereses. Actitud que la propia CNTE le reclamaría años después al dejar de lado el rol de luchador social de la educación para asegurarse un lugar en la política electo- ral michoacana. Cuando Raúl Morón usó su influencia en la CNTE para orientar el voto del magisterio democrático y ayudar a Lázaro Cárdenas Batel a ganar la gubernatura, el profesor esperaba la titularidad de la Secretaría de Educación, pero no llegó. Su respuesta se expresó en una oleada de paros escolares y manifestaciones que perjudicaron por igual a alumnos y civiles. Sólo obtuvo favores personales que usó para mantener a su grupo político y reservarse con la mira
puesta en su futuro electoral. Distanciada de los orígenes que le dieron vida –la búsqueda de un modelo educativo que formara estudiantes pensantes y mejores condiciones laborales para los profesores–, la CNTE se desvaneció hasta convertirse en lo que es hoy. Varios de sus líderes intentaron replicar el uso del trampolín para hacerse de un lugar en la política michoacana. Solo Raúl Morón lo logró.
La decepción de 2020
Hace casi seis años, cuando por fin su sueño de ser ungido candidato a gobernador por el partido dominante, se hizo realidad tras haber tejido una relación con Andy López Beltrán, para contar con el visto bueno de Andrés Manuel López Obrador, Raúl Morón mostró otra parte de su personalidad. Una que le costó perder su oportunidad de la manera más absurda: despreciando y pretendiendo vulnerar una ley electoral que él mismo avaló como legislador, creyéndose gobernador antes de serlo y creyendo que el poder está por encima de la ley. Ni el expresidente pudo, o quiso, salvarlo. Tras esa derrota política, Raúl Morón tuvo que soportar su propio error y la humillación del INE. Puso cara de mártir de la democracia, culpó al INE de haberle robado la candidatura y enfrentó un periodo muy complicado para él, al ver como Alfredo Ramírez Bedolla, un fiel obradorista pero hasta entonces casi intrascendente político, se empoderó y lo dejó prácticamente fuera del poder gubernamental como respuesta a sus exigencias derivadas de considerar, según él ,que Ramírez Bedolla le debía el cargo de gobernador. Durante los últimos seis años, tratando de reconstruirse, Morón Orozco ha consolidado alianzas que ya poco dibujan al hombre que el electorado michoacano de la izquierda recuerda y menos representa a sus orígenes. Esperaba su revancha y vendía la idea, que incluso llegó a ser comentada por la presidenta Claudia Sheinbaum en sus mañaneras, de ser una víctima del sistema a quien “se le debía la candidatura”.

Sin fortuna
Pero la mala suerte, si es que la suerte juega un papel en la política electoral, lo persigue. Apoyado principalmente por el exgobernador Leonel Godoy Rangel, quien no logró concretar su aspiración a la dirigencia nacional de Morena, Morón tuvo que sujetarse al método que su partido definió para elegir abanderados y que hoy, se reconozca o no, es observado y vigilado por las agencias de inteligencia y seguridad estadounidenses, que tienen al gobierno de Claudia Sheinbaum obligado a cuidar la probidad de sus candidatos y las alianzas de los mismos rumbo a la elección del 2027. En la cuadra adyacente, Carlos Torres Piña, exsecretario de Gobierno y exfiscal de Michoacán, ganó la encuesta que eligió al coordinador de los trabajos de la 4T en Michoacán. Lo hizo mediante una eficaz y minuciosa operación de suma de simpatías y alianzas. Según sus protocolos de la 4T, eso lo convertirá en su próximo candidato a gobernador en la entidad, algo que Raúl Morón, fiel a su forma de actuar, no está dispuesto a reconocer, mucho menos ante la que parece ser su última oportunidad.
Dos caminos
Aquí llega la disyuntiva que podría escribir el último recuerdo de Raúl Morón en los pasajes de la historia política de Michoacán: puede ser institucional y negociar o puede quemar sus naves y fracturar, o al menos intentarlo, a la izquierda michoacana para, según sus cuentas, abrir el paso a una eventual victoria de la derecha panista, alentando la alianza entre la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz y el panista Alfonso Martínez Alcázar, quien ni en su sueño más intenso podría aspirar a conquistar el voto michoacano, si no es con ayuda de una fractura premeditada y provocada, de la izquierda. El escenario está dado y los demonios que rodean el enojo de Morón susurran a su oído y enaltecen la figura que él ha construido de sí mismo para negarse a renunciar a su sueño.
Cachavotos
El Partido del Trabajo ya le tiende la mano a través de Reginaldo Sandoval, para hacerlo candidato a gobernador, plagiando de entrada el logo 4T, estilo PT. Para Sandoval sería una gran compra que entregaría al PT una suma de votos imposible de obtener para su estructura estatal. Ellos aumentarían sus espacios legislativos, pero Morón no alcanzaría a ser gobernador, aunque sí sería el factor de la derrota de la izquierda . Morón parece saber que no debe ubicarse en esa posición, por eso el amago de la derrota de Morena en 2027 fue expresado por Leonel Godoy, hace pocos días ante los medios de comunicación, pero sin Raúl Morón a su lado. Los tiempos y las cartas se agotan y en el sueño de perseguir el poder, Raúl Morón tendrá que definir ya, quién quiere ser en la historia de Michoacán. Hasta ahora, desde el anuncio y la ratificación de Carlos Torres Piña como coordinador y próximo candidato a gobernador de Michoacán por Morena, Raúl Morón se ha negado a reconocer su derrota y ha optado por dilatar, dice que hasta noviembre, su definición, mientras hace cuentas y valora si su estrategia suma simpatías o sigue perdiendo afines y termina renegando de la vida política.
*Publicado originalmente en el Diario ejecentral el 15 de octubre de 2026.

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