
Karina Luján Luján
Es directora general del Instituto Nacional del Derecho de Autor desde noviembre de 2024. Integrante del llamado Clan Alcalde-Luján. Prima de las hermanas Luisa María Alcalde Luján y Bertha Alcalde Luján. Sobrina de Bertha Luján. Originaria de Chihuahua , Chihuahua. Llegó al Indautor después de que la institución funcionara durante cuatro años con un encargado de despacho: Marco Antonio Morales Montes.
La crisis de los Derechos de Autor

Javier García
La Inteligencia Artificial no es la mayor amenaza para los autores y creadores en el México de hoy. Su verdadero enemigo está atrincherado en la Dirección General del Instituto Nacional del Derecho de Autor y se llama Karina Luján.
Cuando la estrella del clan Alcalde-Luján empieza a declinar tras la salida de Luisa María de la dirigencia de Morena, en la comunidad mexicana de creadores –escritores, pintores, ilustradores, guionistas, dibujantes, escultores, compositores, realizadores, directores de cine y un largo etcétera–, se advierte un rayo de esperanza para que inicie la corrección de un proceso destructivo que lleva 18 meses. Todo comenzó cuando Karina Luján, una chihuahuense cuyo único mérito es ser prima de las hermanas Alcalde Luján y sobrina de Bertha Luján, fue designada por la secretaria de Cultura, Claudia Curiel, como titular del instituto.
Creadores consultados que pidieron guardar el anonimato –tienen trámites pendientes de registro a través de sus abogados–, lo dicen sin rodeos: el derecho de autor vive su momento más oscuro en México en al menos 25 años. El trámite de registro de obras en línea, el gran logro del sexenio anterior en la materia, ha sido cancelado.
La medida ha devuelto a miles de creadores que viven fuera de la Ciudad de México, o incluso fuera del país, una década atrás.
Hoy están de nuevo en los tiempos en que debían enviar por correo sus obras, sus solicitudes de registro perfectamente requisitadas y sus talones bancarios de pago de derechos, para después sentarse a esperar, con mucha paciencia, a que la burocracia de Correos de México hiciera llegar sus documentos a las oficinas de la calle de Puebla, a que otra burocracia los recibiera, los analizara, concluyera si eran registrables o no, elaborara un certificado o sus observaciones a criterio de un dictaminador, y lo enviara de regreso a la ciudad o el país de residencia del autor. Quien tuviera un requerimiento en su tramite, debía subsanar y reiniciar el ciclo entero.
Ese viacrucis que podía llevar meses para concretar un solo registro disminuyó de forma sensible cuando, después de una importante inversión en diseño, instrumentación programación y correcciones, el instituto puso en marcha un sistema de registro de obras en línea creado con INFOTEC y bautizado como INDARELIN.
La plataforma permitía a los creadores de Tijuana, Cozumel, Lázaro Cárdenas, Matamoros, Tuxtla Gutiérrez o de cualquier punto del extranjero acceder, desde donde estuvieran, al servicio de registro, previo pago de derechos, envío de archivos digitalizados y su FIEL vigente. Les ahorraba tiempo, dinero en mensajería, costosas copias en papel de sus obras y, para quienes lo acostumbraban, el viaje a la Ciudad de México con todos los gastos que implica.
A través de INDARELIN, los creadores —o sus abogados y gestores— consultaban el estado de sus trámites y podían desahogar requerimientos en línea. Una vez cumplidos los requisitos legales, obtenían un certificado de registro digital con el mismo valor legal que el físico, firmado electronicamente por el mismo funcionario.
El desastre
El trámite en línea resultó tan exitoso que en pocos meses igualaba en número al presencial y apuntaba a rebasarlo. Todo ese avance se vino abajo en unos cuantos días a consecuencia del desconocimiento de Karina Luján de la institución que le encomendaron dirigir: su naturaleza, las partes esenciales de su operación y, hay que decirlo, sus principales fuentes de ingresos propios. Al cobrar derechos por los trámites que realiza, el instituto genera recursos suficientes para financiar su operación y dejar un excedente importante a las finanzas públicas. El registro de obras es la mayor fuente de ingresos del Indautor, pero Luján ignoró ese dato, o no le importó.
El 18 de febrero de 2026, la plataforma INDARELIN dejó de funcionar de forma oficial según un acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación. En teoría se trató de una suspensión temporal por causas de fuerza mayor; en su lugar se habilitaron trámites por correo electrónico –el mismo mecanismo que se usó durante la pandemia– y presenciales, hasta nuevo aviso. No se fijó fecha para el regreso del servicio en línea porque, según fuentes al interior, en realidad no se contempla, pues se perdió el control sobre la plataforma.
Negligencia, ambición y acoso laboral
La causa de fuerza mayor fue un ataque cibernético. La institución no estaba preparada para repelerlo ni para reponerse de él, consecuencia directa de un error grave de Luján desde que llegó al cargo: subestimar el área de sistemas.
Una de sus primeras decisiones fue despedir al segundo de a bordo del Soporte Técnico: el ingeniero cedido por INFOTEC que había acompañado el desarrollo de la plataforma, conocía su funcionamiento hasta el código fuente y podía enfrentar y resolver cualquier falla porque fue de sus creadores. El despido no obedeció a diferencias técnicas ni de criterio. Luján quería las plazas de mayor remuneración para colocar compromisos propios sin importar que no cubrieran el perfil ni estuvieran capacitados. La plaza del responsable de soporte técnico acabó en manos de un joven sin ninguna relación con sistemas, que reportaba a la Coordinación de Asesores.
Además de desmantelar el personal especializado, Luján decidió que invertir en firewalls –los programas que protegen contra el tráfico malicioso uy los hackeos– era un gasto superfluo y suspendió ese servicio. El resultado: la ingeniero titular del área de sistemas renunció, su reemplazante no conocía la plataforma, carecía de recursos y no podía hacer el trabajo solo.
Ataque cibernético
El sistema quedó desprotegido y el hackeo llegó más temprano que tarde en una época en que los ciberataques están a la orden del día. Aunque la sabía, Luján nunca reconoció la existencia del ataque. Primero alegó que la plataforma estaba en mantenimiento. Cuando los días pasaron sin solución –sin personal especializado, sin recursos técnicos y sin criterio para enfrentar el problema– acabó reportando a la Secretaría de Cultura lo que ya era evidente: era imposible recuperar el control de INDARELIN. De ahí surgió el comunicado publicado en el Diario Oficial, que tampoco reconoce el ciberataque pero deja claro que no hay fecha para reanudar los trámites en línea.
El hackeo es una verdad que, aunque no reconocida de manera oficial, todo mundo en el medio de los creadores y de los abogados dedicados a la propiedad intelectual conoce y comenta. Una búsqueda simple en LinkedIn arroja resultados ilustrativos.
Alejandro Aréchiga, abogado especializado en la materia, escribió en su cuenta en febrero de 2026. “Urge una actualización no solo en los sistemas de seguridad del Instituto Nacional del Derecho de Autor, sino en general en su Plataforma de Servicios Electrónicos (INDARELIN). Es impensable que la información de una autoridad y la de sus usuarios (autores, abogados y asesores) esté a merced de actos de este tipo”.
Cynthia Solís, consultora en ciberseguridad, publicó en la misma red social y en el mismo período. “De confirmarse, esto es muy preocupante, no es sólo técnico. Es ataque al patrimonio cultural de México. De lo que se sabe hasta ahora, nosotros como usuarios de la plataforma INDARELIN nos quedamos sin acceso a ella hace más de 24 horas ya que tenemos trámites pendientes de nuestros clientes y únicamente recibimos un aviso de mantenimiento, pero según lo reportado por el periodista Ignacio Gómez Villaseñor en su cuenta de X, en realidad se trata de un hackeo, lo anterior gracias a unas fotografías compartidas por Alfonso Elizarrarás”.
Consecuencias
La crisis ha ido creciendo desde la llegada de la actual directora. La cancelación de la plataforma es quizá el último golpe, pero no el único: es el resultado de medidas punitivas que rayan en el acoso laboral y de decisiones equivocadas que acabaron dejando sola a Luján en un cargo para el que no estaba preparada y en una materia que, dicen quienes trabajan con ella, aún desconoce.
Poner en línea el sistema implicó un trabajo de años. La parte técnica estuvo a cargo de INFOTEC –el Centro Público de Investigación e Innovación en Tecnologías de la Información, parte de la Secretaría de Ciencia y Tecnología–, que lo desarrolló con base en los requerimientos de la Dirección de Obras.
El proyecto arrancó cuando Alejandra Frausto era secretaria de Cultura y Hugo Contreras dirigía el instituto. Tras el fallecimiento repentino de Contreras, se decidió continuar con el diseño de la plataforma. Después de una inversión millonaria y muchas pruebas, el objetivo se logró. Todo para que en poco más de un año la falta de experiencia y el pobre criterio de la funcionaria designada por Claudia Curiel acabaran con el mayor avance tecnológico logrado en la institución desde su creación.
Daño patrimonial
El monto del contrato entre la Secretaría de Cultura e INFOTEC para desarrollar la plataforma no es público, pero especialistas en sistemas coinciden en que la cifra se cuenta en millones de pesos. Al descuidar el resguardo de ese activo –financiado con recursos públicos para ofrecer un servicio público por el que los creadores, además, pagaban–, Luján incurrió en una conducta delictiva tipificada como daño patrimonial.
Mejor solo que mal dirigido
Designada el 21 de noviembre de 2024, después de que la institución permaneciera más de cuatro años con un encargado de despacho –tras la muerte de Hugo Contreras el 3 de octubre de 2020–, Luján cometió errores prácticamente desde su llegada. Persiguió fantasmas en busca de actos de corrupción donde las cosas marchaban razonablemente y cerró los ojos ante irregularidades evidentes en áreas como la Dirección de Reservas, señalada desde hace años no solo por incompetencia sino también por opacidad, rezago administrativo y sospechas de corrupción. Su titular, Alberto Arenas Badillo, sigue en el cargo y se ha convertido en el comodín de Luján para los eventos especializados, aunque en el medio legal es conocido precisamente por su falta de preparación en la materia autoral.
Karina Luján logró lo que parecía imposible: tropezar y bloquear la operación de una institución que funcionó mucho mejor sin titular durante cuatro años. A su llegada, prácticamente todo lo que operaba de forma razonable dejó de funcionar. La coronación de su ineficiencia llegó cuando perdió la plataforma de registro de obras en línea.
A 18 meses de su llegada a un cargo para el que no estaba capacitada, y cuando su prima hermana Luisa María Alcalde ha terminado su ciclo al frente de Morena, se habla ya de que los días de Karina Luján están contados en el instituto. Lo que nadie sabe todavía es cuándo comenzará el procedimiento de responsabilidad por el daño que su gestión le ha hecho al organismo que atiende a las y los creadores del país.
